El asesinato del menor Christopher Raymundo Márquez Mora –de tan sólo seis años de edad-, acontecido en Chihuahua, es de alto significado, pues nos revela lo que podemos esperar en el futuro.

Los cinco asesinos no rebasan los quince años de edad y ahí empieza la descripción de un nuevo contexto social que es urgente analizar.

La forma en que fue torturado, -sádicamente hasta causarle la muerte-, nos refleja un cambio de mentalidad en algunos sectores de las nuevas generaciones.

Disfrutar del dolor ajeno refleja una mentalidad enfermiza. ¿Qué podemos esperar de unos púberes que hoy matan y disfrutan de hacerlo?... ¿Qué mentalidad tendrán a los 20 años de edad?.

Si hoy se les protege, entonces se les estimula la sensación de impunidad y se les enseña que ni siquiera la vida ajena es sagrada. El mensaje llegará también a sus compañeritos de escuela y vecinos.

Comenzaron este asesinato jugando al "secuestro" y terminaron sacándole los ojos y dándole 27 puñaladas.

De ahí a convertirse en sicarios y después en capos, no es mas que cuestión de tiempo.

Esto significa un cambio en el sistema de valores, pues en las nuevas generaciones se está convirtiendo el delito en un modelo aspiracional de vida.

¿Qué se está haciendo para contrarrestar este fenómeno socio cultural de la idealización del delito?. No se ve que esté siquiera considerado entre los planes de ninguna de las instituciones gubernamentales.

. La violencia que hoy se vive en la delincuencia organizada responde a una lucha por el poder. Es la guerra por dominar territorios y por obtener ganancias ilícitas. Es una violencia "funcional" o "derivada" de otras motivaciones.

En cambio, el fenómeno que nos describe el asesinato de Christopher va mucho más adelante: es la violencia generada por el disfrute de atestiguar el dolor ajeno.

Ante esta motivación, las posibilidades de violencia extrema, -esa que supera la fantasía cinematográfica-, son infinitas.

Mientras la lucha contra la delincuencia organizada se centre únicamente en el ámbito policial, está condenada al fracaso, pues son medidas reactivas y epidérmicas.

El reto está en vacunar a la sociedad para que ella misma rechace la violencia y la delincuencia.

Los asesinos de Christopher simplemente jugaban a "un secuestro", pero la violencia era real y no simbólica.

Las sociedades que asimilan la violencia como un hecho natural y la toleran, están condenadas a sufrirla, pero las que la idealizan hacen de ella un modo de vida.

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